Sofía Garduño Nava fue una mujer valiente y decidida, que fue descubriendo lo que quería y luchó hasta conseguirlo. Fue una mujer triunfadora y creativa, llena de amor a Dios y a sus semejantes. Su personalidad era de carácter fuerte, lo que le significaba la posibilidad de alcanzar la santidad, pues a pesar de su carácter, se mostraba amable, bondadosa, cariñosa, paciente, preocupada por los demás. Acogedora, como Jesús, no hacía menos a nadie.

Nació en una familia cristiana el 16 de abril de 1897; la fe de sus padres la fortaleció día a día para descubrir su llamado.

Fue bautizada el 30 de abril del mismo año en la Catedral de México. Celebró su primera comunión el 19 de febrero de 1909 quedando cautivada por el amor de Dios manifestado en el corazón Eucarístico de Jesús. Desde niña fue atraída por las cosas de Dios, jugaba a hacer altares e invitaba a otras niñas a hacer oración y ofrecer flores.
Poco a poco fue cultivando un gusto por las cosas de Dios y una sensibilidad ante las necesidades de los demás.

Deseando ser útil a la humanidad, eligió la carrera del Magisterio. Después de haber cumplido satisfactoriamente sus estudios el 3 de septiembre de 1917, recibió su título de Maestra. A la vez que ejercía su profesión en una escuela de gobierno, trabajó también en el “Colegio México” al que asistían hijos de políticos y petroleros. Existía en ella una inquietud por llegar a las personas, no solamente en el aspecto intelectual sino también en el aspecto espiritual. Deseando ser útil a la humanidad, eligió la carrera del Magisterio. iniciando a los 14 años sus estudios en la Escuela Normal primaria para maestros.

En una ocasión, descansando sentada en un parque de la ciudad, su madre Victoria le pidió que se fijara en los niños que jugaban. Le dijo que como maestra podría colaborar en su formación intelectual, pero le cuestionó sobre qué habría de hacer para ayudarles en el camino de la salvación.

Así se dispuso a servir procurando la salvación de las familias. Primero surgió su vocación de catequista. Asistía a Misa en la Parroquia de la Concepción Tepiqueuca de la ciudad de México. Allí fue donde el Señor le inspiró el deseo de catequizar a los niños, pues se dio cuenta que asistían pocos y nadie se ocupaba de ellos. Por lo que pidió permiso al párroco para dar catecismo.

A la edad de 19 años invitó a sus compañeras catequistas de la Conchita a vivir con ella la vida religiosa, y aunque al poco tiempo se retiraron casi todas, no se desanimó, invitó a otras, siguiendo así su vocación a la Vida Religiosa. Reafirmó su llamado cuando las familias, después de la revolución, quedaron lastimadas y heridas por la sociedad, y contemplando el Corazón de Dios Padre, quedó cautivada por su amor hacia ella y hacia los demás.

Inspirada por Dios, inicia la obra del Catecismo en "La Conchita" el 12 de mayo de 1918. Aprobada por sacerdotes y el Arzobispo de México. A partir de entonces toda su obra será bajo la dirección de la Iglesia.

El 14 de junio de 1926, el presidente Plutarco Elías Calles ordenó una persecución religiosa, en la que se vivió una situación de sufrimiento y conflicto, nuestra valiente joven siguió luchando sin desmayar. Hizo suyo el deseo de Dios formando una nueva congregación el 7 de octubre de 1918, las Misioneras Catequistas de los Sagrado Corazones de Jesús y de María que se dedicaran a evangelizar a las familias con la espiritualidad de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

En 1920 trabaja en el Colegio Mexicano, donde recibe otra inspiración a evangelizar a las madres de familia, para ello realiza la primera conferencia para señoras el 23 de junio de 1925. Durante la persecución religiosa en México resguarda al Santísimo sacramento y a Sacerdotes y Seminaristas en su casa. Lleva la comunión a Sacerdotes presos y continua las actividades de la parroquia de la Inmaculada Concepción Tepiquehuaca en la casa de la cultura.

Lanza la "primera misión Catequística" en 1929. Jubilada, se integra a la vida Comunitaria en marzo de 1937, gracias a lo que consideró un milagro de la Beata Concepción Cabrera de Armida.

Llorada por sus Hijas, Obispos, Sacerdotes y Laicos, muere en la ciudad de México el 24 de abril de 1976. Se encontró incorrupta al exhumar sus restos en 1995.

Nace el 16 de abril en la Ciudad de México. Bautizada el 30 de abril en la Catedral de México.
Recibe su Primera Comunión, cautivada por el amor del Corazón Eucarístico de Jesús.
Estudia en la Escuela Normal Primaria para Maestros, se gradúa el 3 de septiembre de 1917.
Funda la Obra del Catecismo y la Congregación de Misioneras Catequistas.
Inicia conferencias de evangelización para madres de familia.
Durante la persecución religiosa protege al Santísimo y lanza la Primera Misión Catequística.
Se integra plenamente a la vida comunitaria gracias a un milagro atribuido a Concepción Cabrera.
Recibe el premio “Pro Ecclesia Et Pontifice” por su labor evangelizadora.
Muere el 24 de abril en la Ciudad de México, rodeada del cariño de sus hijas y fieles.
Se exhuman sus restos y se encuentra su cuerpo incorrupto.